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LA QUIMERA DE LOS HEROES

Argentina, 2003


Largometraje documental dirigido por Daniel Rosenfeld.



Frente a cierto cine "observacional", la labor del crítico se vuelve difícil. O bien relata con minuciosidad la película, glosando con palabras lo que el realizador dice en imágenes... o bien intenta entender "qué quiso decir", y lo interpreta: esta, por supuesto, es la labor de cualquier espectador (y de cualquier cineasta, aunque a algunos les pese).

Intentemos una descripción: La quimera de los héroes es el retrato de Eduardo Rossi, un ex rugbier que ha creado en plena selva formoseña un equipo formado por aborígenes, quienes han encontrado en este deporte tradicionalmente "blanco" un incentivo para salir de la marginación. Pero Rossi es también un admirador del mundo militar que quiere levantar un museo de la guerra en medio de la selva, un hombre de ideas fascistas, un ferviente creyente en esa tradición, familia y propiedad que intenta inculcar en los aborígenes de un modo paternalista y autoritario.

Es esa doble cara la que parece interesar al director Daniel Rosenfeld: no se trataría tanto de deconstruir la figura de Rossi (que no tiene mayor profundidad...), sino de mostrar (como si fuera una suerte de Dr. Jeckyll & Mr. Hyde) la imposibilidad de escindir el bien del mal: una vez mas, el viejo "tema del traidor y del héroe".

Esto, por supuesto, ya es una interpretación. Pero como el film se llama La quimera de los héroes uno infiere que esa interpretación está habilitada, aunque la película no intente –para nada– imponer un sentido (y esa contradicción entre título "cerrado" y estilo "abierto" es la misma que aqueja a las películas de Lisandro Alonso, con las que La quimera... tiene mucho en común). Como si no fuera lo suficientemente elocuente, el título se sobreimprime sobre la figura de un héroe griego. Pero allí termina la relación, ya que si bien el título hace referencia a la versión mítica del héroe como quimera, la película no se plantea como una visión abiertamente crítica de la figura del héroe.

(Abramos un paréntesis para decir que esa crítica se ha vuelto un lugar común después de los diversos fascismos que la humanidad soportó en el siglo XX. Tomando como blanco una concepción cuya formulación moderna va de "Los héroes" de Carlyle hasta el superhombre de Nietzsche, la crítica del héroe se resume en una famosa frase de Brecht: "Desdichados los pueblos que necesitan héroes." Como bien sabemos los argentinos, cualquier comunidad amenazada busca algún héroe providencial (héroe que no puede sino construirse a sí mismo como figura mesiánica: cuanto mas demencial el proyecto, mas grande el héroe...). Pero el héroe se sostiene en la perdida de la individualidad y la libertad de aquellos a quienes vendría a salvar.

La película parte entonces de esta meditación sobre el tema del héroe, sobre cómo se construye un héroe. Pero se podría decir que hace suya la visión equívoca del heroísmo que cultiva su personaje: no hay nada heroico en Rossi (y no hace falta leer la "Pedagogía del oprimido" de Paulo Freire para saber que la liberación de los aborígenes no puede darse sometiéndose al "héroe"). Y no hay ironía alguna en la película (ni en el título ni en sus 70 minutos de metraje).

Es claro –y esta es la apuesta implícita en La quimera...– que la distancia entre lo glorioso y lo patético queda a juicio del espectador. Pero también es claro que la película muestra cierta fascinación por el personaje (a pesar de su distanciamiento emocional). Y no se trata de que reproduzca su ideario fascista, sino de que no cuestiona ciertos lugares comunes en los que se sustenta: por ejemplo, la idea del juego como batalla, que es un argumento olímpico que ya utilizó el nazismo (y que ha sido usado hasta el hartazgo por el cine dependiente norteamericano...).

De todos modos, esa premisa tampoco se sostiene demasiado: el juego contra "Los Pumitas" es el objetivo que motoriza la acción, pero la película no se construye dramáticamente sobre ese fin (ni siquiera sabemos quién gana el partido, aunque lo intuimos...). Tampoco los tobas tienen más entidad que la de ese "ejercito de las sombras" que Rossi sueña comandar: funcionan como un simple personaje secundario. Porque lo que interesa es el "personaje principal", su carácter (no su psicología). Y todo, finalmente, termina siendo su pálido reflejo: reflejo que nunca alcanza –ni tal vez pretenda– mayor espesor, ya que el personaje no lo tiene.

Este no es un problema menor: la película se construye sobre la figura y el discurso de Rossi (protagonista excluyente de La quimera...); éste pretende ser un personaje "épico"... pero la película no lo es. Y esa tensión –en la que se juega todo– no tiene salida. Es por eso que el film no escapa al destino de su personaje: empezamos viéndolo con mucho interés, pero pronto se nos hace monótono, llano, superficial (y la película amenaza con convertirse en su propia quimera...).

Alguna crítica europea –siempre dispuesta al exotismo– ha afirmado que la vocación desmesurada del personaje y la rudeza del entorno asemejan su empresa a la de un personaje de Werner Herzog, pero la desmesura de la comparación no hace sino aumentar el equívoco. Porque no es la "misión" de un blanco entre los aborígenes lo que cuenta, sino el equívoco mismo: a este héroe –por perdido o equivocado que esté– siempre lo salva la epopeya de la que se cree parte.

Con el aporte de la Jan Vrijman Fund, Les Films d’Ici, Zentropa (la compañía de Lars Von Trier) y –last but not least– el INCAA, Daniel Rosenfeld ha hecho una película impecable en sus rubros técnicos, que no llega a obtener de su personaje la riqueza que cualquier protagonista –héroe o villano– promete.

Nicolás Prividera      

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